El proceso para mí empieza desde la experiencia. Una obra puede ser más que solo un objeto bonito. Tiene que sostenerse con las ideas y valores del artista. Dicho esto, ¿cuáles son mis ideas y valores?

Lo divido en 3 pilares.
Primero que nada, creo que, como nativa de un país con una fuerte herencia colonial, debo de hacer un gran esfuerzo para que mi obra no se guíe por una supremacía hegemónica ni eurocentrista. Mi trabajo busca retratar la riqueza cultural mexicana, tanto actual cómo originaria. Además, dejando de lado la colonización, me parece que el mundo es muy grande como para enaltecer únicamente el arte de un continente.
Segundo, creo en la mirada infantil. Con esto me refiero a ver al mundo de manera fresca y sin prejuicios. Los niños que hay en mi vida me enseñan de manera constante a interactuar con el mundo con ojos más inocentes y compasivos.
Como tercer pilar creo en la comunidad, de diversas maneras: como persona “queer”, como artista y como espectadora. Estos 3 aspectos de mi persona me sirven para crear puentes con otros e invitarlos a crear los suyos. Pasé mucho tiempo aislada y, aunque le sigo teniendo aprecio al espacio personal, también valoro la comunidad como una red fundamental para el crecimiento y desarrollo compartido.

Claro que hay temas adicionales que informan mi arte, como la religión y la salud mental. Después de todo, crecí en una comunidad católica, lo que forma gran parte de mis vivencias. Por otra parte, el impacto que la psicoterapia ha tenido en mi bienestar y desarrollo es inigualable. Pero cualquier motivo que incorpore a mi cuerpo de trabajo, tiendo a alinearlo con uno o más de estos tres pilares.